15 MIL PERSONAS MUEREN AL DÍA POR HAMBRE, EN MÉXICO 23

  • En México mueren 23 personas al día por hambre

El pasado mes de junio, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Programa Mundial de Alimentos (PMA) señalaron que 41 millones de personas corren riesgo de sufrir de escasez de alimentos. En 2020, 155 millones de personas en 55 países se enfrentaban a inseguridad alimentaria.

Por su parte la organización de lucha contra la pobreza Oxfam afirmó que 11 personas mueren de hambre cada minuto y que el número de personas que se enfrentan a condiciones cercanas a la hambruna a nivel global se ha multiplicado por seis.

En México, 27 millones de personas están desnutridas y 15 millones viven con hambre crónica.
Hay 1.2 millones de niños mexicanos con desnutrición crónica y 1 de cada 3 niños indígenas vive en esas condiciones. El 81% de los hogares rurales en México tienen inseguridad alimentaria.

“La pobreza debería ser una enfermedad. En México mueren 23 personas al día por hambre; la suma de los gobiernos previos son los responsables de la inmensa miseria que hay”, asegura Arnoldo Kraus, profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM,

Cuando los humanos desperdician comida, otros no tiene qué llevarse a la boca

Cada año se pierden o se desperdician 1.600 millones de toneladas de alimentos por valor de aproximadamente 1,2 mil millones de dólares (mil millones de euros), según la consultora BCG. Esto supone un tercio de la cantidad total de alimentos producidos a nivel mundial. Y el problema sigue creciendo. Se estima que para 2030 el desperdicio anual alcanzará los 2.100 millones de toneladas, un 30% más. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU establecen el reto de reducirlo a la mitad, para tratar de eliminar la pobreza extrema y en concreto la desnutrición, que afecta a más de 870 millones de personas en el mundo. Pero estamos muy lejos de ello.

Según la FAO y World Resource Institute, estos desechos representan el 8% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Nuestra actividad agrícola y ganadera y la necesidad de alimentar a cada vez una población mayor, contribuyen al incremento de la deforestación para aumentar las tierras de cultivo, a la degradación del suelo por el uso de pesticidas y fertilizantes artificiales o la degradación de los mares debido a la sobrepesca, entre otros. Cerca de un 30% de toda la tierra agrícola del mundo está siendo ocupada para producir alimentos que nunca se consumirán, mientras 28 millones de toneladas de fertilizante se usan para cultivos que serán desperdiciados, un 19% de todo el fertilizante a nivel mundial.

De la cantidad total global de residuos, un 44%, el mayor porcentaje consiste en comida y fracción vegetal. La gran mayoría de los biorresiduos no son reciclados para otro propósito, acabando en vertederos (donde se descompone y traspasa al suelo y al aire, dañando al medio ambiente y las comunidades de alrededor) o siendo incinerados, mientras se reafirma la mentalidad de “usar y tirar” entre las empresas y consumidores, que seguirán desperdiciando recursos a todos los niveles.

La cadena de producción alimentaria

La pérdida de alimentos ocurre en todos los pasos de la cadena de valor alimenticia, pero según el mismo estudio de BCG, es más pronunciado al principio (producción, 32%) y al final (consumo, 22%). En los países en desarrollo, el problema viene de una deficiente producción y transporte, mientras que en los países desarrollados es más frecuente en la fase de consumo, tanto entre los minoristas como entre los consumidores.

El 70% de la comida producida a nivel mundial se produce en pequeñas granjas de menos de tres hectáreas en países en desarrollo, y a pesar de ser los productores mundiales de comida, aproximadamente las tres cuartas partes de las personas extremadamente pobres del mundo, 800 millones, viven en zonas rurales exclusivamente de la agricultura. Solo con mejorar los rendimientos de los pequeños agricultores en un 10% (con el uso de mejores insumos y maquinaria, incrementando estándares de calidad o mejoras en la infraestructura de acceso al mercado), podríamos reducir la pobreza un 7% en África y más del 5% en Asia, así como reducir el desperdicio alimentario y por ende los gases de efecto invernadero generados. ¡Tres pájaros de un tiro!. Como os decía en mi artículo Un Uber para alquilar tractores y otras formas de revolucionar el modelo agrícola en países en desarrollo, la tecnología está generando una revolución en este sentido, pero todavía está lejos de llegar a los más necesitados.

Los consumidores constituimos el otro gran problema. Cada año, los países ricos tiramos tanta comida, 222 millones de toneladas, como la producción entera de alimentos del África subsahariana. Solo en España se botan 7,7 millones de toneladas al año, 176 kg per cápita.

Las mayores causas de desperdicio de alimentos en hogares son; porciones incorrectas, no planear la compra, la confusión con el etiquetado entre las fechas de caducidad y consumo preferente, no guardar adecuadamente la comida o la falta de concienciación y educación.

Ante este problema, que impacta en tantos ámbitos, no podemos quedarnos cruzados de brazos. Por eso han aparecido soluciones globales como Too Good to Go, un movimiento surgido en Dinamarca en 2015, y que ya está en 15 países. Toogoodtogo te ofrece a través de su app, los productos sobrantes de tiendas y restaurantes al final del día a un tercio del precio original en un formato de pack sorpresa. Creando también un movimiento global para luchar contra el desperdicio en la que todo el mundo pueda dar solución a este problema. La campaña “fechas con sentido”, alienta a los productores a sustituir el vencimiento por fecha de “consumo preferente” para poder alargar la vida de muchos alimentos.

Un avance real para solucionar este problema requiere el compromiso y la acción coordinada de los consumidores, los gobiernos, las ONG, los agricultores y las empresas. Pero las soluciones ya están aquí.

WFP/AP/ EL PAÍS

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